En el mundo actual, muchos líderes que se autodefinen como “religiosos” llaman la atención por su retórica y sus acciones. Lamentablemente, somos testigos frecuentes de incitación a la guerra, glorificación de la violencia, discriminación y prácticas antidemocráticas. Sin embargo, estoy convencido de que una persona verdaderamente religiosa jamás elegiría ese camino. La verdadera religiosidad no se alimenta de la guerra ni de la destrucción, sino de la paz, la prosperidad y la dignidad humana.

El Lugar de la Paz en Todas las Religiones Abrahámicas
Toda persona que afirma ser devota debería volver a mirar el mensaje de paz y fraternidad que constituye el núcleo de su fe. Las Escrituras Sagradas —el Corán, la Biblia y la Torá— invitan a la humanidad a la bondad, la unidad y la justicia.
- La Paz en el Islam:
El Corán promueve la paz y la armonía. En Al-Baqarah 2:208 se insta a los creyentes a “entrar todos en la paz”, mientras que Al-Anfal 8:61 señala: “Y si ellos se inclinan hacia la paz, inclínate tú también.” De igual forma, Al-Hujurāt 49:10 proclama: “Los creyentes son hermanos; reconcilien, pues, a sus hermanos.” - La Paz en el Cristianismo:
La Biblia subraya claramente la importancia de la paz y la reconciliación. En Mateo 5:9 se declara: “Bienaventurados los que procuran la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.” Romanos 12:18 exhorta a vivir en paz con todos, en la medida de lo posible. - La Paz en el Judaísmo:
Aunque las referencias directas a la paz en la Torá son escasas, los principios éticos fundamentales del judaísmo sostienen una postura pacífica. El mandato “Ama a tu prójimo como a ti mismo” exige compasión y respeto hacia todas las personas. Este amor universal constituye la base para convivir en armonía incluso con quienes profesan creencias diferentes.

¿Quién es Verdaderamente Religioso?
A pesar de estos mensajes universales presentes en el corazón de toda religión, alguien que incita a la guerra, justifica la violencia o divide a las personas según su fe, su raza o su nacionalidad no puede considerarse realmente “religioso”. Tales actos contradicen la esencia misma del credo.
Una persona verdaderamente devota, sin importar su religión:
- Evita la violencia y los discursos provocadores.
- Trabaja no solo por el bienestar de los suyos, sino por la paz y la felicidad de toda la humanidad.
- Abraza la diversidad, une a las personas y actúa con justicia.
- Incluso si se declara creyente, desviarse de estos principios significa traicionar su propia fe.
Recordemos: La tarea fundamental de un líder es asegurar la paz y la felicidad de su pueblo y, en un sentido más amplio, del mundo entero. La guerra y la violencia son lo opuesto a esa misión. La guerra trae destrucción; la verdadera fe exalta la paz, la hermandad, la compasión y la dignidad humana. Por eso, una persona verdaderamente religiosa no puede tener un discurso distinto al de la paz.




















