¿Qué Es El Amor?

Cuando observo a mi alrededor, siempre me sorprende lo fácil que la gente dice: “Estoy enamorado.” Veo “tortolitos” sentados en cafés, grabando videos para las redes sociales o viajando juntos en el autobús.

La palabra amor se usa con tanta ligereza, con tan poca reflexión, como si decir “estoy enamorado” sonara más genuino o más profundo que simplemente decir “me gusta” o “me atrae.”

Pero, en mi opinión, el amor no es algo de lo que se deba hablar tan a la ligera.

Veo el amor como una aceptación incondicional, profunda y casi ciega.

A menudo es un sentimiento que ata a una persona con tanta fuerza que incluso puede llevar al daño propio.

Por eso, cuando alguien dice: “Nos conocemos hace dos semanas y estoy enamorado,” me estremezco un poco. En dos semanas uno puede sentir atracción, curiosidad o incluso un fuerte afecto… ¿pero amor? No lo creo.

¿Qué Dicen los Filósofos?

El amor ha sido, desde hace siglos, uno de los temas más discutidos en la filosofía — justamente porque es al mismo tiempo profundamente personal y universal.

Platón: La Unión de las Almas

Según Platón, el amor no es solo deseo físico.

En su Banquete (Symposium), lo divide en dos formas: física y espiritual.

El verdadero amor trasciende la atracción corporal y ayuda al alma a elevarse hacia ideales superiores.

Para él, enamorarse es anhelar el “mundo de las ideas.”

La persona amada despierta en nosotros un sentido de bondad, belleza y verdad — y esa es la esencia filosófica del amor

(Platón, El Banquete, ca. 385 a.C.).

Schopenhauer: La Máscara del Deseo Genético Egoísta

El filósofo alemán Arthur Schopenhauer veía el amor desde una óptica más sombría.

Para él, el amor forma parte del impulso inconsciente de la humanidad por perpetuar la especie.

La persona que creemos “amar” no es más que la pareja más adecuada genéticamente para la reproducción.

Así, el amor no es puro ni noble: es una ilusión egoísta al servicio de la continuidad biológica

(Schopenhauer, El Mundo como Voluntad y Representación, 1818).

Kierkegaard: Rendición Apasionada

Søren Kierkegaard describió el amor como un compromiso existencial.

Para él, el amor es uno de los pocos sentimientos por los que una persona está dispuesta a sacrificarse.

El verdadero amor no solo trata de pasión, sino también de voluntad.

Aceptar al ser amado tal como es y buscar su bienestar — esa es, para Kierkegaard, la forma más pura del amor

(Kierkegaard, Las Obras del Amor, 1847).

¿Es Realmente Tan Simple el Amor?

Cuanto más reflexiono sobre estas definiciones, más clara se vuelve mi postura.

Sí, para mí el amor es algo serio.

No debe confundirse con una chispa momentánea ni con una fascinación pasajera.

El amor comienza cuando la propia existencia cobra sentido a través de la presencia del otro.

Amar a alguien es mirarlo —su somnolencia matutina, sus fracasos, sus arrugas— con la misma ternura.

Es amarlo no solo por sus partes “buenas” y “bellas”, sino también por sus lados “difíciles” e “imperfectos”.

En ese sentido, el amor no es solo una emoción intensa: también es una decisión.

Se trata de a quién eliges, cuánto puedes soportar y hasta dónde estás dispuesto a caminar junto a esa persona.

En Conclusión: No Todo Afecto Es Amor

Con el tiempo, uno se da cuenta de que muchos sentimientos se parecen al amor, pero el verdadero amor es raro.

No todos los que dicen “te amo” están realmente enamorados; no todas las parejas están unidas por él.

Porque el amor exige profundidad, entrega —y a menudo, dolor.

Sin embargo, si alguna vez te encuentra, lo sabrás.

Porque cuando el amor llega, ningún otro sentimiento volverá a parecerse a él.

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